dehesasEl 5 de Junio de cada año celebramos el Día Mundial del Medio Ambiente. Este Día es el vehículo principal de las Naciones Unidas para promover la sensibilización y la adopción de medidas para el medio ambiente. Con los años se ha convertido en una amplia plataforma mundial para la difusión pública que es ampliamente celebrado por las partes interesadas en más de cien países.

Además, es la oportunidad para que todos se den cuenta de la responsabilidad de cuidar de la Tierra y convertirse en agentes de cambio.

 

Este año, he aprovechado para releer algunas reflexiones de Antonio Muñoz Molina en su extraordinario libro “Todo lo que era sólido”,  a propósito de la relación que tuvimos los españoles con la tierra que pisamos en la llamada época de bonanza, es decir, en los tiempos en los que nos creímos autosuficientes, en los tiempos en los que llegamos a olvidar que vivimos gracias a los recursos que nos ofrece el planeta.
 

En “Todo lo que era sólido”, Muñoz Molina repite varias veces una idea que comparto firmemente: “la conservación de los recursos naturales, debería haber sido vista como una gran ventaja y no como un obstáculo. Sólo así podíamos haber evitado el “feísmo” que se extiende por toda nuestra geografía, sin excepción. Sólo así podríamos haber evitado el estado de nuestras costas, cubiertas de cemento. Sólo así podríamos haber evitado la destrucción de paisajes únicos en el mundo, para construir ciudades y edificios fantasma. Sólo así podríamos haber evitado la destrucción de nuestra rica biodiversidad.”

Sin embargo, la realidad ha sido otra bien distinta: las voces que proclamaban la necesidad de conservar y proteger la naturaleza con argumentos serios y lógicos, fueron apagándose a favor de los que aprovecharon esta necesidad para convertir la causa medioambiental en una causa ideológica y partidista. La política, de nuevo, se apropiaba de la ciencia y del conocimiento, desdibujando la verdadera realidad.

De nuevo, asistimos a la construcción de una “realidad paralela” en este caso, una en la que teníamos gran parte de nuestro territorio protegido por su gran riqueza natural y en la que nos hicieron creer que éramos el “pulmón de Europa”, el último reducto de un paraíso natural, lo que nos hacía merecedores de los más altos reconocimientos y, por supuesto, destinatarios de miles y miles de euros para seguir cuidando tan preciado tesoro. En esa realidad paralela, éramos ricos y lo íbamos a ser más, solo había que sentarte a esperar y seguir recibiendo los fondos que nos mandaba Europa.

Pero no sólo no hemos protegido nuestra riqueza natural, sino que no hemos sabido aprovecharla cuando la tuvimos. Lo único que se nos ocurrió fue destruirla para construir o, en el otro extremo, anular cualquier tipo de actividad empresarial que pudiera haber convertido el hecho de vivir en un espacio protegido en una clara ventaja competitiva.

Y ahora, nos preguntamos muchos, ¿qué hacemos?.

¿Seguimos tapándonos los ojos y lo oídos? ¿Seguimos pensando que los turistas vendrán hagamos lo que hagamos,  porque nuestro Sol no lo tiene nadie? ¿Seguiremos pensando que, hagamos lo que hagamos, tenemos el mejor clima, las mejores materias primas, los mejores vinos y los más bellos paisajes? No podemos seguir esperando a que otros nos descubran, debemos salir a vender nuestra riqueza y, para ello, lo primero que debemos hacer es aprender a protegerla y, sobre todo, a valorarla

Cuando comencé a trabajar como Consultora medioambiental, decidí afrontar la conservación del medio ambiente en un sentido positivo, a pesar de conocer de primera mano los recelos y la mala imagen que esta materia tenía en muchos sectores de la población, que no conocían otra política medioambiental que la de la prohibición y la sanción. El Derecho Medioambiental, una de las disciplinas en la que nos centramos en Ambienta 45, no puede ser aplicado exclusivamente en su vertiente sancionadora, ignorando o, lo que es peor, excluyendo las múltiples posibilidades que ofrece para incentivar el respeto al medio ambiente por parte de los ciudadanos y las empresas. El Derecho Medioambiental del siglo XXI apuesta por la innovación en las técnicas regulatorias y en la colaboración públicos privada.

Siempre creí que vivir y trabajar en una tierra como Extremadura (o en general,en un país como España)  tenía que ser una ventaja, que esta riqueza natural no podía pasar inadvertida y tendrá que convertirse, esperemos que más temprano que tarde, en progreso social y económico. Esa es la idea que ha inspirado y que inspira nuestro trabajo.

Tras mucho esfuerzo, podemos decir que estamos comenzando a recoger nuestros frutos. La producción de alimentos, el turismo y la salud, son nuestros principales objetivos. En estos tres campos, es muy complicado prescindir de la naturaleza para hacerlo bien.  Esto es lo que tratamos de transmitir en Ambienta45: la conservación del medio ambiente como ventaja para las empresas y para los ciudadanos.

 

Jovita García Collado

Derecho Medioambiental en Ambienta 45.